• Facebook Social Icon
  • Instagram Social Icon
  • Vimeo Social Icon

_______________________________

Ernesto Moralbaut é artista investigador mexicano e atualmente se encontra no Brasil para uma residência artística em parceria com a mostra internacional de imagem e som em tempo real, AVAV – audiovisual aovivo (SP), e a fim de expandir sua investigação como pesquisador e artista sobre os temas da migração, da fronteira e da paisagem urbana e corpo realizada através do curso de Comunicação e Cultura da Universidad Autónoma de la Ciudad de México (CDMX/MEX). Em 2018 participou no Festival de imagem + som em movimiento KINOBEAT na Void (SP/BR). En 2017, fez parte da exposição coletiva Trayectorias Visuales/Mapeo de lo Cotidiano na UACM/Centro Histórico (CDMX/MEX); apresentou a série fotográfica Manifiesto A, acompanhada de uma instalação de vídeo arte glitch, na II edição de Noches de Autor (CDMX/MEX); fez registros fotográficos e de vídeo para o 1º Encuentro Intercultural de Artes Vivas (Chihuahua/MEX); além de realizar a documentação da performance de Gian Paolo Renzi para ZONA MACO (CDMX/MEX). No mesmo ano (2017) cofundou o projeto transdisciplinar Paisajes Migratórios Entre Fronteras, #PPM, ao lado do artista Gabriel Brito Nunes, cujos primeiros resultados foram apresentados na exposição coletiva Migrantes: El sueño de llegar al norte, la pesadilla de ser deportado, na Galeria Aguafuerte (CDMX/MEX). Desde 2016, tem trabalhado com artistas de performance não apenas realizando a documentação de suas ações, como no caso da poeta visual Monica Martz, mas também executando a fotografia e a captação em vídeo da performance em três atos Inocente Pobre Amigo (CDMX, MEX) de Gabriel Brito Nunes.

¿Qué imprecisa reina guarda junto a sus lagos la memoria de mi vida en fuga?

Fui el paisaje de alamedas insuficientes a ratos aves de mi sosiego azul.

Naves lejanas completaron el mar ondeando en mis terrazas,

y en las nubes del sur perdí mi alma, como un remo que se deja caer.

 

FERNANDO PESSOA

 

 

A menudo asociamos algunos tópicos con ciertos nombres artísticos. Basta con escuchar las sílabas de un nombre que es referente de nuestra época para que el cerebro comience su incansable tarea de las asociaciones. Cuando uno escucha o lee el nombre de Ernesto Moralbaut (Oaxaca, México, 1987), no puede dejar de pensar en la fotografía y en tres temas dentro de ella que se relacionan de manera significativa con el aspecto autobiográfico: la carne, la memoria y la migración, de los que se derivan otras materialidades, como el cuerpo (sus devenir, su territorialidad, su adaptación, su búsqueda de identidad y el erotismo, en su máxima expresión de disidencia, placer y libertad), el espacio (doméstico y exterior, privado y público, urbano y paisajístico) y la simetría (unas veces perturbada por los ruidos y la violencia humana, otras vacía y agrietada, pero con sustancia interpretativa, como un techo averiado desde el cual se observa el imperio de los astros). La poesía en la fotografía de Moralbaut, quien radica en Brasil en la actualidad, tiene la tarea de persuadir al espectador con una tercera mano, un tercer tacto manifestado en el montaje (pero no un montaje previsto, como en el cine o el teatro, sino un montaje improvisado en el ejercicio del ojo y el obturador frente al duelo y la subjetividad, utilizando como punto de partida la armonía entre la estética del instante y el equilibrio de las cosas) y la actitud del individuo (y sus partes, porque se trata de un sujeto fragmentados por las aspas de la realidad) frente a la soledad y la angustia que se reflejan en los espejos de las cosas, de lo otro, de la ciudad y los titanes naturales como el mar y los bosques, un mar que sale de los mismos labios que lo evocan, unos bosques que son el cuerpo en su llanto de hojarasca, sus siluetas y sus árboles de sombras.

 

Lo que parecen decir al público las imágenes de este autor es que dentro del hombre, que siempre es soledad, existen las posibilidades de la (re)construcción, porque el mundo quebrado es el hombre y suyas son, en el arte, la propuesta de significados y las tentativas de respuesta frente al enigma de la esfinge. Con las piedras de la realidad, el fotógrafo cimienta su casa y sus monumentos, su cama y sus estrellas, su rostro y sus amaneceres, porque, como dice Octavio Paz, “la imagen recrea al ser”, y en el ser se proyecta la naturaleza y se esculpen los pies que han de caminar por las líneas del tiempo y de la historia, porque la fotografía, al igual que la palabra poética, es un relámpago asido por las manos mortales, la luz que hace perdurar una máquina creada por el hombre para vencer la finitud de las formas. Es la cámara fotográfica un Prometeo de la memoria, un héroe encadenado al silencio y a la penumbra, a los ruidos y al fuego con pavesas de colores que se levantan y vuelan hacia el porvenir. Las imágenes construidas por este joven artista mexicano son una propuesta de verdad y de mundo. He aquí, en la obra de Moralbaut , la esfinge de la muerte derrotada.

 

 

 

Francisco Trejo.

Ciudad de México, noviembre de 2017.